
Sacar del cajón un dispositivo que dabas por olvidado da siempre mucha curiosidad. Hace unos días encontré mi antigua Xiaomi Smart Band 6, la primera pulsera de actividad que tuve en mi vida y recordé aquellos días en los que la usaba a diario. De modo que he querido comprobar si seguía funcionando como en su día y volver a utilizarla para hacer ejercicio. Ahora, no quiero volver a despegarme de ella.
Lo que empezó como una simple curiosidad se convirtió en una verdadera sorpresa. La pantalla AMOLED sigue viéndose a la perfección, aunque esto era algo que me esperaba. Lo que me generaba dudas era la salud de la batería y la precisión de los sensores en comparación con modelos actuales, así que decidí pasar una semana entera con ella para comprobar su rendimiento.
Resistencia del cristal y salud real de la batería
Lo primero que me ha dejado alucinado es lo bien que se conversaba la pulsera por fuera. A pesar de que en su día se llevó algún que otro golpe, la recordaba más desgastada, pero el cristal de la pantalla no tiene ni un solo rasguño que se note a simple vista. Esto demuestra que la construcción de la Xiaomi Smart Band 6 y sus materiales están pensados para durar mucho tiempo y aguantar el trote diario mejor que algunos relojes actuales. La correa de silicona también está impecable, pese a no mantener su flexibilidad original.
Mi miedo real era con la batería, ya que las baterías de litio sufren mucho desgaste cuando se quedan vacías durante meses. Sin embargo, al conectar la Xiaomi Smart Band 6 al cargador, la pulsera tardó muy poco en indicar que tenía el 100% de carga y, tras una semana de uso, me queda cerca de un 45% de batería con el brillo en automático, monitorización de pulsaciones durante las 24 horas y las notificaciones activas. Me parece increíble que después de tanto tiempo parada haya retenido tan bien la energía.
Precisión en el registro diario
Al vincularla con la aplicación del móvil, el sistema reconoció la pulsera al instante sin dar errores de conexión. Me preocupaba que los sensores hubieran perdido precisión, pero los datos son totalmente coherentes con la realidad. He comparado las pulsaciones con mi smartwatch más nuevo y los resultados son casi calcados, lo que confirma que el hardware que Xiaomi montó hace años ya era lo suficientemente potente. La pulsera sigue siendo una herramienta muy válida para monitorizar la actividad física sin complicaciones.
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